Tres pasos para corregir enlaces rotos: detectar, decidir y comprobar.

Los enlaces rotos en una web impiden llegar al contenido o realizar la acción prevista. Pueden aparecer al cambiar una dirección, retirar un archivo, modificar un servicio o enlazar a una página externa que deja de estar disponible.

Para corregirlos, necesitas conocer dónde aparece cada enlace y qué esperaba encontrar el visitante. Una lista de direcciones con error no explica por sí sola cuál es la solución adecuada.

Localiza el origen y el destino del enlace

Revisa páginas, menús, botones y archivos descargables. Utiliza un rastreo de la web para reunir incidencias y comprueba manualmente las que afecten a recorridos importantes.

Registra la página de origen, el texto del enlace, la dirección de destino y el resultado recibido. Prioriza elementos de contacto, contratación y navegación antes de corregir referencias de menor uso.

Incluye los enlaces externos de artículos antiguos. Aunque no controles esas páginas, puedes actualizar la referencia o explicar que el recurso ya no está disponible.

Confirma qué tipo de problema existe

No todos los fallos significan que la página haya desaparecido. Puede haber una interrupción temporal, un acceso restringido o un bloqueo del rastreador utilizado. Comprueba el destino antes de retirar un enlace útil.

La documentación de Google sobre códigos HTTP distingue redirecciones, contenido no encontrado y errores del servidor. También explica que una respuesta correcta del servidor no garantiza la indexación. La revisión debe considerar tanto la respuesta técnica como el contenido que recibe el usuario.

Si una dirección muestra un mensaje de error dentro de una página aparentemente normal, comprueba que el estado comunicado por el servidor sea adecuado.

Elige la corrección según lo que busca el usuario

Si hay una errata, cambia el enlace por la dirección correcta. Si el contenido se ha trasladado, actualiza los enlaces internos y valora la redirección correspondiente desde la dirección anterior.

Ejemplo ficticio: una guía enlaza a un servicio que ahora tiene otra URL con el mismo alcance. La nueva página puede ser un destino adecuado. Si el servicio se ha retirado y no existe un equivalente, enviar a todos a la portada no resuelve necesariamente la consulta.

Cuando una referencia externa desaparece, busca una fuente que respalde la misma afirmación. Si no la encuentras, revisa también el texto que dependía de esa referencia.

Revisa las redirecciones y los documentos

Comprueba que el enlace termina en el destino previsto sin bucles ni saltos innecesarios. Si controlas la página de origen, enlaza directamente al destino vigente en lugar de depender indefinidamente de una cadena de redirecciones.

En descargas, verifica que el archivo existe, se abre y corresponde a lo anunciado. Un PDF accesible pero desactualizado también puede perjudicar la comprensión de tu oferta.

Revisa los enlaces dentro de plantillas compartidas. Corregir un menú o un pie de página puede resolver la misma incidencia en muchas URLs, mientras que editar una página aislada quizá deje el problema en las demás.

Comprueba y registra la solución

Vuelve a rastrear las páginas afectadas y prueba los enlaces importantes como visitante. Anota qué se ha corregido y qué casos requieren una decisión sobre el contenido.

Programa revisiones acordes con la frecuencia de cambios del sitio. Después de una reorganización o migración, conviene comprobar especialmente las direcciones y recursos que hayan cambiado.

Mantén una página de error útil que permita orientarse, sin utilizarla como sustituto de la corrección de enlaces conocidos.

En FEBEN revisamos estos recorridos dentro del mantenimiento web y la optimización SEO. El objetivo es conservar rutas comprensibles hacia la información y las acciones que tu negocio ofrece.